Damián Bolaño: "Se busca que la obra deje de ser algo que no se pueda tocar"

Yo Digo 17 de julio de 2019
El escultor dialogó con El Periódico TV y se refirió a sus comienzos como artista, recordó las obras que más lo enorgullecieron y a la vez anticipó el anhelo de realizar su primera muestra individual.
La charla con el escultor.

La escultura es interesante cuando comunica y se integra con el espacio urbano. Así opina Damián Bolaño, escultor de oficio y vocación, autor de numerosas obras en San Francisco. En una charla para “Yo Digo”, el ciclo de entrevistas de El Periódico TV, se refirió a sus inicios como artista, enumeró las obras que más lo llenaron de orgullo y a la vez adelantó que se prepara para su primera muestra individual.

 ¿Cómo nace tu pasión por el arte?

Mi padre fue el mentor de mis comienzos en el arte. Si bien él no se dedicó de lleno al arte, sí tuvo un comienzo como albañil, constructor. Yo empiezo a trabajar con él en la obra. Él era autodidacta, hacía trabajos de gráfica, de pintura y de a poco fue perfeccionando su arte y yo fui acompañando eso. Al momento de terminar el secundario y elegir una carrera él me pregunta qué es lo que me gustaría ser. Yo ya venía trabajando con él, pero no lo tomaba como una profesión, sino que lo hacía por placer.

¿Por qué no lo tomabas como una profesión?

Porque era como un  hábito trabajar con él, ayudarlo con la arcilla, con un mural, pero me gustaba. Entonces ahí decidí comenzar la carrera de Licenciatura en Escultura en Córdoba, donde pude desarrollar principalmente la teoría porque de práctica ya tenía una base importante en el taller. Desde ese momento no dejé de trabajar con todo lo que es escultura.

Con el apoyo de la familia ¿con qué trabas te encontraste al desempeñarte en este ámbito?

Por ahí encontrarme con que en la facultad la orientación va un poco más a lo que es la escultura del salón, de exposición, de pequeño formato y de un desarrollo artístico más acotado. Yo con los trabajos que estaba realizando con mi padre necesitaba ir más allá de lo que era la figura del monumento, la obra de gran porte, la instalación de obras en espacios públicos, particularmente me fui especializando en esos ámbitos que no encontré en la facultad. Y con todo el aspecto teórico que fui encontrando y el técnico al nivel construcción que tenía mi padre, que era muy conocedor de todos los materiales y herramientas, fue una combinación casi perfecta para poder desarrollar obras de gran porte.

¿Cuál fue el primer trabajo que te llenó de orgullo?

La primera obra en que figuro como colaborador es la talla del monumento a los juegos florales. Es una sola pieza de mármol que está en la Plazoleta Villafañe. Si bien colaboraba en todos los trabajos, esa fue una. También cuando estaba en tercer año del secundario, un invierno fuimos a trabajar durante dos semanas a Tránsito. En el ingreso a la localidad hay un Cristo Peregrino. El vaciado de esa obra y toda la talla y la terminación se hizo en el lugar. Estuvimos trabajando los dos durante dos semanas. Fue el primer contacto directo con el desarrollo desde cero en una obra hasta el terminado en el lugar.

¿Cuál es para vos la importancia de la escultura en una ciudad?

Me interesa la escultura que ocupa un espacio pero que a su vez comunica y es un espacio de uso. Es interesante ver cómo las esculturas se integran con el espacio cotidiano y cómo la sociedad también se integra a las obras, forma parte. Que les puedan encontrar el significado, que les pueda contar una historia, que les pueda proponer un lugar de encuentro, que les pueda ofrecer un espacio para que puedan tener su momento de distensión, para reflexionar, para educar también, donde las escuelas puedan participar. Se habla que la obra se baje del pedestal, de un lugar en donde no se puede tocar, donde está protegida, y pase a formar parte del mobiliario urbano, de la ambientación de una plaza o de un espacio público.

¿Creés que eso en San Francisco se está cumpliendo?

Sí, creo que de a poco se está buscando que la obra forme parte del espacio, que deje de ser algo que no se pueda tocar. No me gustaría ver, como pasa en algunas ciudades, que las obras terminan siendo cercadas para que las personas no se puedan acercar para evitar cuestiones vandálicas.

Hace poco El Periódico realizó un relevamiento sobre las esculturas y el estado en que se encontraban ¿Prestás atención a este hecho?, ¿qué opinión te merece el estado en que se encuentran?

Lo veo, diariamente, veo el estado en que se encuentran algunas. Pero debo destacar que la obra en sí no se toca. Puede haber algún desmejoramiento, a lo mejor en el espacio, puede estar graffitada o con pintadas, pero sobre la obra en sí existe un respeto. Hubo algunos casos particulares de algunos bustos en algunas plazoletas, ya sea porque la luz no es la apropiada, en donde se generaban situaciones de vandalismo. Lo importante a rescatar es que la obra en sí se respeta como figura, es muy raro encontrar obras que estén graffitadas, sí la base o el pedestal pero no la obra en sí.

 ¿Te molesta el graffiti?

Molesta cuando es una cuestión de mancha o de dejar algún mensaje particular para uno mismo. Es interesante el graffiti cuando quiere comunicar algo. Es interesante, es un medio de expresión muy utilizado, pero cuidando los parámetros de lo que es una pintada. Por eso sí estaría interesante que se proponga un cuidado más intensivo en corto plazo. Es decir, encontrar el graffiti y enseguida taparlo. Todo parte de mantener una constancia, de paso un va educando en el cuidado de los espacios.

Tuviste la posibilidad de viajar fuera del país ¿Qué sucede en otros países y en otras culturas con las esculturas y el vandalismo?

Se cuida eso, la constancia en el mantenimiento, la cartelería en la vía publica es casi nula, no existe la pegatina o el folleto adhesivo. Entonces ya con esos parámetros de cuidado uno ya visualmente encuentra algo limpio. Más allá de que puede estar sucio por la antigüedad y el paso del tiempo, pero es distinto ver eso a ver una pegatina, vandalismo, raya, la lapicera o el liquid paper que son productos que son muy difíciles de sacar sin dañar.

¿Cuál fue a lo largo de tu carrera el trabajo que más orgullo te dio?

Hubo uno que hizo el clic en lo que es mi labor como escultor que fue la realización del monumento a San Francisco de Asís. Ese monumento arrancó con un proyecto que se había presentado en una “Expo Rural” hace muchos años y se fue trabajando. Con mi padre trabajamos las maquetas y la realización de la figura del tamaño real en el taller. En ese lapso es cuando fallece mi padre. Entonces pasado un tiempo en que había quedado estancado el proyecto se me da la posibilidad a mí para hacer el montaje y terminar la primera etapa, porque ese monumento no está terminado sino que es la primera de tres etapas.

¿Cuáles son los proyectos a futuro?

Mi primera muestra individual, tal vez el año próximo. Siempre participé en muestras colectivas o colaborando como artista invitad, pero nunca tuve una muestra individual. Es una propuesta que tengo, un desafío.

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