"Nos hubiera encantado poder restaurar el Palacio Tampieri"

Mano a Mano 26 de agosto de 2019
La arquitecta Cristina Rearte, especialista en preservación del patrimonio, subrayó que la manzana de Tampieri se podría revalorizar. "Merecería que se le lleve un poquito más el apunte. A pesar de que hace 40 años a la fábrica no se le pone un peso, se mantiene increíble", resumió.

Una de las características que suele llamar la atención a muchos visitantes de San Francisco es la gran cantidad de casas y construcciones antiguas que se conservan en el centro de la ciudad y en sus distintos barrios. Es claro que la ciudad crece y lo hace de acuerdo a nuevas tendencias de la arquitectura, pero estos nuevos proyectos pueden convivir con el rastro histórico de las construcciones en la ciudad.

¿Para qué sirve conservar los viejos edificios y casas? ¿la ciudad está creciendo de manera ordenada? Sobre estos temas giró la conversación esta semana en Mano a Mano con la arquitecta Cristina Rearte, especialista en preservación del patrimonio urbano arquitectónico y que durante varios años impulsó el Programa de Preservación Ambiental, Urbano y Arquitectónico en el ámbito de la Municipalidad de San Francisco.

En la charla con Gabriel Pecile para El Periódico TV, Rearte explicó cuál es la importancia de conservar las estructuras que forman parte de la identidad de la ciudad, sin que eso signifique mantenerla en el pasado o "congelarla".

Además, la arquitecta consideró que uno de los sectores emblemáticos de San Francisco, como la manzana del Palacio Tampieri y su fábrica, tienen un gran potencial que no se está aprovechando y que podrían revalorizarse. "Hay muchos metros cuadrados desperdiciados con un potencial infinito y una arquitectura tan noble que a pesar de que hace 40 años que a la fábrica no se le pone un peso se mantiene increíble", subrayó.

Usted participó durante varios años de la comisión de patrimonio arquitectónico de San Francisco. ¿Cómo está la ciudad en ese tema y cuál es la importancia de la preservación en la ciudad?

La preservación creemos que está bastante bien encaminada. Nosotros a lo largo de seis años con la arquitecta Bruno estuvimos a cargo de esta Comisión e hicimos todo un trabajo de relevamiento, es decir, fotografiar, analizar las propiedades. Logramos definir un catálogo, salimos mucho a las escuelas, a centros vecinales, donde uno les iba contando el porqué de preservar, que es una tarea que nosotros en realidad empezamos allá por el año 88 dentro del Colegio de Arquitectos. San Francisco tiene características muy particulares, el que viene de afuera nota la cantidad de casas antiguas que hay, tramos que aparecen dos o tres casas y que uno realmente se para mirarlas por el detalle de las molduras, las alturas y una serie de condiciones. A veces nos preguntan: ¿para qué conservar las cosas viejas o las casas? En realidad todas forman parte de esa identidad que tenemos. San Francisco tiene dentro de lo que se llaman las viviendas antiguas, que las llamamos viviendas italianizantes: puerta, dos ventanas a los costados y en algunos puntos el garage. Detectamos ocho tipologías diferentes, cosa que en muy pocas partes del país se da. Implica cierto valor a la ciudad, lo que no quiere decir que hay que mantenerlas tal cual o sin modificaciones.

¿Hablamos de casas de qué épocas?

1920 o 1890, que ya las había y han mantenido sus cualidades. También hay casas de los años 50 que tienen características propias de los años 30. Y dentro de la preservación normalmente uno dice a partir de los años 50 para atrás es lo que se preserva, pero también hay arquitectura más moderna que uno la ve y dice esto no puede desaparecer. También hay una una característica bastante particular con la gente del sector. Cuando empiezan los rumores de que algo se va a demoler lo primero que hacen es llamarte para decir que no lo permitan. Un ejemplo, Tribunales viejos. Fue la misma gente del barrio la que lo pidió. Ahí tuvimos una charla muy amplia con los arquitectos que estaban diseñando el Centro Cultural y les pedimos en lo posible dejar parte de esa fachada. Y realmente lo cumplieron, porque todo lo que hay por detrás es muy nuevo y por lo tanto la nueva arquitectura y la vieja tienen un cierto diálogo. Eso es lo que se pretende dentro de la preservación, no congelar la ciudad, sino que la vieja arquitectura se incorpore con la nueva y que cree esa imagen urbana de modernidad, de cierta tranquilidad visual.

Esa mixtura que incorpora lo moderno pero que no reniega de la historia, que queden esos rastros.

Cada casa cuenta una historia, nosotros lo vemos por los años que tenemos como la casa de fulano.

Se identifican con la familia que vivió en su momento...

Y hay una historia por detrás, de todo tipo de familias. Pero esa tipología marcó dentro del sector una impronta.

Decía que la mayoría de estas casas que ustedes relevaron de ese estilo hay ocho tipologías, pero también hay casas de estilos muy particulares, que por ahí son únicas.

Claro, hay casas de ese tipo. Por eso no todo son las casas antiguas, hay casas que tienen muchos menos años. Hay tipologías de los años 50 que se encuentran dos o tres agrupadas en una misma cuadra y hacen a esa identidad del lugar. Entonces uno incorpora de todo tipo, porque la ciudad es un gran catálogo de todos los tiempos. Y eso hace a la imagen urbana y a la identidad de los lugares.

¿De qué dispone la ciudad en materia legal para la preservación?

Nosotras hicimos toda la parte del soporte técnico. Pero a aquellos propietarios que uno le dice tu casa no se puede demoler, ahí entra jugar en rol del municipio porque hay una serie de incentivos que hay que darle. No lo inventamos nosotras, está en todas las legislaciones de Córdoba, Rosario, Santa Fe o Buenos Aires dentro de la categoría, donde el municipio reacomoda por ejemplo la renta de un impuesto municipal. Hay casas que quedan absolutamente exentas, otras que tienen un porcentaje. También hay certificados de edificabilidad transferible, casas que por las características y la zona no se pueden demoler, pero uno no puede privar a ese propietario de que edifique más metros o un edificio en altura, entonces esos metros que él quisiera hacer en ese lugar hay otras zonas donde sí se estimula el crecimiento en altura y se acomodan esos metros con otros propietarios. Todo un sistema que ya está desarrollado, puesto en marcha en otras ciudades y funciona. A nosotras nos quedó pendiente esa parte, donde uno recompense a quienes preservan determinada calidad.

De alguna manera hay una decisión de Estado de preservar y un compromiso de la comunidad que no puede recaer solamente sobre el propietario.

Claro, no puede caer sobre el propietario. Nosotras hicimos muchas reuniones con inversores, propietarios y arquitectos. Jamás nos meteríamos en el diseño, pero sí nos íbamos metiendo en los beneficios. Porque la ciudad al poder tener un trabajo de preservación como el que tiene, donde están determinadas alturas, tramos de completamiento, tramos de preservación, área de protección histórica. Es decir, está todo estipulado. Ahora hay un trabajo que se debería hacer con planificación urbana, que se empezó también en su momento, para determinar alturas. Hay sectores de la ciudad donde las alturas pueden ser importantes, porque lo da el ancho de la calle, de veredas, la disposición. No es sólo la fachada en altura, sino cómo incide esa altura en el resto de la manzana con la calidad de vida de los vecinos. Es uno de los logros de la preservación en los últimos 30 años, que se mete de lleno en la planificación urbana para mantener las identidades de las ciudades y potenciarlas. El crecimiento tiene que venir, pero hay que planificarlo.

Se ven en la ciudad algunos proyectos importantes de edificios en altura y que se construyen en espacios donde había viviendas antiguas y hay preservación de esa fachada. ¿Cómo se trabaja en esos casos?

En esos casos, por ejemplo en el edificio donde estaba el Hotel Plaza, al lado del Cine Colón, fue una decisión de la familia de los propietarios y del arquitecto. Él también había participado muchos años atrás en preservación, tenía muy claro el valor de esa línea de fachada y fue una decisión personal que nosotros elogiamos. En el caso de Soho, creció en varias etapas. La primera fue una propiedad que se demuele en el medio de las dos que se mantienen, pero con una idea mucho más acotada. Cuando se permitió el tema, los propietarios aúnan los terrenos y podían ir a una altura terrible dentro de lo que era la ciudad. Sin embargo se estableció con los profesionales y los inversores una especie de diálogo para poder consensuar que el Soho fuera un atractivo, era válido, pero las alturas no eran las más convenientes. Es tan grande el terreno que toma que no está lindando con vecinos inmediatos que les va a cambiar la vida, porque va a haber mucha gente mirando esos patios, no cabe la menor duda. Pero no se encuentra uno con paredones, porque al estar en el centro permite perforaciones, incorporación de verde. Son negociaciones que uno va haciendo donde todas las partes conversando se llegan a consensos.

Finalmente uno de los iconos de la ciudad sin duda es el Palacio Tampieri y todo ese conjunto en esa manzana. ¿Cómo se ve desde la preservación? 

A nosotras nos hubiera encantado poder llevar a cabo la restauración. No como arquitectas, porque son especialidades. Vino a San Francisco el vicepresidente de Icomos Argentina, es la entidad madre para la Argentina a nivel de preservación, y una de las restauradoras, que durante 10 años fue la que tuvo a su cargo la restauración del Teatro Colombiano. Vinieron, lo analizaron e hicieron propuestas que quedaron en propuestas. Pero eso es algo emblemático de la ciudad, son esos casos que uno estudia en arquitectura. En Córdoba tenemos el Palacio Ferreyra y el Palacio Tampieri, y punto. Esa calidad, sumado de la fábrica, es un potencial enorme. Hubo una tesis que acompañamos muchísimo y que los chicos trajeron a la ciudad y dejaron una maqueta fabulosa y un trabajo increíble. Es una zona que realmente merecería que se le lleve un poquito más el apunte. Hay muchos metros cuadrados desperdiciados con un potencial infinito y una arquitectura tan noble que a pesar de que hace 40 años la fábrica que no se les pone un peso se mantiene increíble. Y un Palacio del año 33 hasta ahora tiene detalles arquitectónicos que el el visitante dice "Guau, cómo llegó esto acá". Hay que ponerse a pensar que para la época el Palacio tenía su propia cabina de teléfono, su ascensor y calefacción. Y con la particularidad que tiene el Jardín Botánico al frente. Cada punto a preservar dentro de la ciudad no es el espacio en sí, sino lo que conlleva al entorno. 

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