Mario Comes: "En la Cámara del Crimen más del 60% de las audiencias eran por abusos sexuales"

Mano a Mano 03 de septiembre de 2019
Tras un largo paso como juez penal en los Tribunales San Francisco, Comes se jubiló en marzo de este año. En El Periódico TV habló sobre las críticas que recibe la Justicia y su tarea como magistrado, además que alertó sobre la gran cantidad de casos por abusos sexuales.
La charla en Mano a Mano.

Hubo algunos cambios y designaciones en los Tribunales de San Francisco en los últimos meses, y también retiros. Uno de ellos fue el Mario Comes, quien fuera vocal de la Cámara del Crimen durante casi 15 años y a quien le llegó el tiempo de su jubilación en la actividad como magistrado.

Con una larga experiencia a cuestas y habiendo intervenido en todo tipo de casos, desde los más resonantes hasta otros muy complejos pero con poca trascendencia, Comes mantiene una mirada crítica sobre el sistema judicial, ya que considera que el mismo se enfoca en las clases sociales más vulnerables.

El ex juez habló en una entrevista en Mano a Mano, el programa de El Periódico TV que conduce Gabriel Pecile, y allí repasó algunos casos, su tarea como juez y alertó sobre la gran cantidad de casos de abusos sexuales que son juzgados en San Francisco.

"Empecé desde lo que llamamos nosotros en Tribunales de pinche, o sea desde empleado raso. Fui secretario de Fiscalía, después fui fiscal de instrucción en Las Varillas nueve años, fui juez correccional en San Francisco cinco años, y llegué a vocal de la Cámara del Crimen, donde me desempeño durante 14 años", reseñó Comes. 

¿Cuáles son los casos que más recuerda o que más lo marcaron en esta carrera de judicial?

Muchos. Hubo casos muy emblemáticos para la sociedad y hubo otros que si bien no tuvieron mucha repercusión, en lo personal me marcaron. Recuerdo siempre un caso de una pobre mujer que la tuve que condenar por facilitación y promoción de la prostitución de su hija menor, pero cuando uno se adentra al estudio de la causa empieza a entender y a comprender todo lo que esta mujer, que cuando niña fue institucionalizada, fue madre soltera, estuvo en el instituto menores madres en Córdoba, le sacaron su niño, la serie de situaciones que vivió esta mujer. Lo recuerdo siempre, la tengo guardada a esa sentencia porque plasmé en la misma y dije en estos momentos son en los que como juez no sé si condenar o pedir perdón. No pedir perdón como juez, porque como juez estaba haciendo lo que debía hacer, sino como persona de esa sociedad que no le brindó la posibilidad de tener otra vida. Yo tuve la suerte y la experiencia de haber trabajado 16 años en el Consejo Provincial de Protección al Menor en el viejo Pablo Pizzurno, era el hogar escuela, los niños se institucionalizaba desde la estimulación temprana hasta los 18 años. Por eso conocía las cosas que debió haber vivido esta pobre mujer al haber estado en el Instituto Santa Cruz. Y esto no tuvo trascendencia. 

Hay casos donde como juez, como quien quien debe impartir justicia, me imagino que se entra en esa disyuntiva de hacer lo que debe hacer un juez, pero también esa conciencia de estar juzgando o condenando a alguien que ya venía sin oportunidades.

Es la difícil tarea del juez. A veces me preguntaban cómo hacés para aguantar un abusador o un violador. La difícil tarea del juez de saber sacarse el saco de un hombre de la sociedad para cuando se entra a la sala de audiencias ponerse el saco o la toga para actuar como juez, sin subjetivismo, siendo total y absolutamente objetivo, y actuando con ley y las pruebas. Pero eso se logra con el paso del tiempo dentro de la Justicia. Yo empecé en la Cámara del Crimen en San Francisco dando entrada a los expedientes y terminé resolviendo causas o firmando sentencias de prescripción de expedientes a las que yo como pinche le había dado entrada. Entonces hay todo un camino realizado etapa por etapa que en mi caso me permitió llegar al final del camino con una seguridad plena, consciente de lo que hacía.

A veces esas disyuntivas que se pueden dar al nivel de conciencia de un hombre de justicia quedan marcadas también con la sociedad. Muchas veces sentencias que no se entienden o que parecieran ir en contra de lo que la sociedad entiende como sentido común. Se habla mucho de la puerta giratoria, cuando la sociedad pide condena para determinados delitos, o que determinadas condenas son excesivas en otros casos . ¿Cómo los vivió en sus años y cómo lo ve ahora desde afuera?

Lo vi siempre igual, hay un viejo dicho que dice que los jueces hablan por su sentencia. En más de una oportunidad en conversaciones con colegas decíamos que tendríamos que salir en alguna oportunidad a clarificarle a la sociedad por qué es esto y por qué es aquello. No se nos permite, porque es la realidad, no se nos permite. La sociedad, la entiendo que no entienda, pero más de una vez, y esto va un palito para la prensa, es manejada por la prensa para no entender. La famosa puerta giratoria, hay casos en que aparentemente existiría esa puerta giratoria, pero no es tal. Nosotros como hombres del derecho tenemos que aplicar una ley que no hacemos y que somos parte de esa misma sociedad que reclama, por eso a veces se producen dicotomías en lo nuestro. Voy a dar un ejemplo, a mí me tocó juzgar, no sé si llamarle persona, hoy puedo decirlo así, que abusó sexualmente de una nena de cuatro meses, que la desgarró por todos lados. Yo soy hombre antes que juez, soy persona, y no te voy a decir que no me movió la estantería cuando me tocó juzgar eso. Pero al momento de juzgar tuve la iluminación de Dios y la virgen. Yo soy creyente y en mi oficina tenía una imagen de la Virgen de Fátima, de la que soy muy devoto y a la que me encomendaba cada vez que entraba a la sala de audiencias para ser justo. Entonces entré limpio de cualquier prejuicio y actué como debía actuar. Y muchas veces la sociedad no entiende eso. Está bien, a este tipo le metí no sé cuántos años, pero a veces se da distinto. Yo veo cuando hay un accidente de tránsito, es algo muy emblemático y es muy común. Un accidente de tránsito es un accidente, por eso el código lo fija como lo fija. Queremos justicia, ¿y cuál es la Justicia? ¿volver a la Ley del Talión?

En general la casuística de San Francisco y la región, la  jurisdicción de los Tribunales locales, ¿cómo lo ve?

Es muy triste, pero si te cuento que nosotros en la Cámara del Crimen más del 60% de nuestras audiencias eran por abusos sexuales, no lo podés creer. Es una una cuestión tremenda. Y de ese 60 por ciento, un 80 o 90 por ciento son intrafamiliares.

Es uno de los temas sociales, puntualmente, en que la Justicia sola no puede.

No, hay una ausencia en total del Estado en todo esto, no hay educación. Es que todo empieza por eso. Fijate el tema de drogas, que también ha aumentado una barbaridad y los hechos delictivos por el tema de drogas. Yo hago un análisis muy particular, ¿por qué el Estado quería legalizar la droga? Porque se saca un problema de encima, porque si yo la legalizo ya no tengo obligación de tratarte. Nosotros no teníamos a dónde mandar a la gente para hacer el tratamiento por drogas.

Sin esos resortes del Estado que auxilian a la justicia, es imposible, más en esos casos.

Seguro, nosotros no tenemos la colaboración. Tenés una persona que tiene problemas mentales, acá no están dadas las condiciones para internarlo, en Córdoba no te los reciben, ¿qué hacés? ¿Y en quién recae? La Justicia, que esto o aquello. Y no es la Justicia, la Justicia está limitada y en el interior más. Yo peleé muchos años por la Policía Científica y gracias a Dios la tenemos ahora, hará dos meses. Y en el interior del interior, como me tocaba a mí en Las Varillas, el mismo policía que hacía el procedimientos me media a paso de hombre porque no tenía una cinta métrica, me hacía el planito a mano alzada, me sacaba las fotos con su teléfono. Y sin embargo las cosas se hacían.

Boletín de noticias