Fernando Mosca, el arquitecto fabricante de ideas

Yo Digo 31 de marzo de 2019
El reconocido arquitecto sanfrancisqueño, radicado hace décadas en Italia, visitó la ciudad y además de hablar de su profesión, brindó una opinión sobre el aspecto de San Francisco a nivel general.
Yo digo: Fernando Mosca

Fernando Mosca es un reconocido arquitecto nacido en nuestra ciudad con proyectos en las ciudades más importantes del mundo, San Francisco incluida. Se considera a sí mismo un “fabricante de ideas”, a las que se permite darles forma mientras recorre el mundo, “ya sin la necesidad de estar encerrado dentro del estudio”, asegura.

Radicado hace más de 30 años en Italia, visitó nuestra ciudad para seguir de cerca un proyecto en el que está comprometido como el Soho Park y para reencontrarse con su familia. En ese marco dialogó con El Periódico TV de su actualidad, sus proyectos y su visión de San Francisco.  

¿Qué lo trae de regreso a San Francisco?
Me traen las raíces, tengo toda mi familia acá, soy nacido aquí, el placer de volver a mi tierra y viajar por la pampa gringa que tanto me gusta; también me trae el trabajo y mi participación en el proyecto Soho Park, donde me estoy encargando de todo lo que es la fachada y las terrazas que se van a ver dentro de poco tiempo y que fueron ideadas en nuestro estudio de Milán.

¿Qué opina de las nuevas grandes obras en la ciudad como la Tecnoteca y el Centro Cultural?
He visto el Centro Cultural porque de alguna manera soy vecino del barrio y me gustó lo que vi, me parece bastante interesante. Por otro lado la Tecnoteca es un proyecto que para dar mi opinión lo tendría que ver un poquito más avanzado. Mi miedo es cómo va a reaccionar el espacio interior de esa plaza, que nació de otro modo y ahora se está transformando. Porque he conocido los orígenes de la división de tierras de esa zona, la vocación del lugar que para los sanfrancisqueños es el espacio abierto con desfiles y verlo con este volumen de obra, a mí me asusta un poco pero lo mejor es esperar a que esté terminado. Creo que es una buena intención aunque me gustaría ver alguna florcita más en la ciudad.

¿Y cómo ve a San Francisco en general?
Le agregaría un poco más de algo que nos caracterizó hace 40 años, que era el cuidado por nuestras plazas y arbolado urbano. Siempre hemos comparado nuestra ciudad con Rafaela o Villa María y particularmente me tocó ir a Rafaela por trabajo y vi el criterio que tienen para los espacios verdes, con muchísimas flores, con gente continuamente barriendo las plazas, o sea hay un acercamiento de la ciudad a lo que es el usuario y me gustó mucho. Vi innumerables canteros con flores, en cambio acá no, falta un cuidado más a nivel paisajístico o decorativo.

Tiene trabajo en distintas partes del mundo, ¿cómo maneja esos proyectos, sus tiempos, cómo se reparte sus actividades?
El tiempo está dedicado continuamente a lo que es la profesión, que se mezcla con lo que es la vida personal. Aprendí después de muchos años que más que lamentarme de la falta de tiempo, era importante volcar esas energías a la optimización del mismo. Por lo tanto cada vez que me subo a un avión, a un tren, viajando, sea por placer o por trabajo, trato de disfrutar al máximo cada uno de esos instantes.

¿Qué nos puede contar de sus proyectos en Europa?
Estamos trabajando en este momento en Francia, en España, hemos terminado un proyecto en Qatar y en Italia. Por ejemplo, los proyectos de España son unos salones de belleza para una marca internacional muy conocida. En Francia hemos fabricado, y acá vuelve el concepto de fabricante de ideas, un concepto nuevo de farmacias donde ya no existe más la atención del que va a comprar una medicina para curarse, sino el criterio es que cuando entrás a esos espacios ya comienzan a sanarte; entonces es todo más relajado, se estudia la música, la comunicación, todo lo que hace al bienestar personal.

¿Cómo se define a usted mismo?
Desde el punto de vista profesional me gusta llamarme un fabricante de ideas, porque en realidad mi trabajo en Italia y en el mundo está más canalizado a esa parte de la profesión. Aquí en la Argentina el arquitecto hace la idea, el proyecto y luego el seguimiento de la obra; nosotros allá hacemos los mismo cuando el cliente lo encarga, pero generalmente somos llamados para fabricar la idea. Esto nos permite la colaboración con profesionales de distintas partes del mundo, la ajustamos con los colegas en los sitios donde trabajamos y luego se realiza la obra. Es una especie de complementación donde cada uno hace el aporte desde su especialización y eso es muy interesante. Te permite aprender un montón, desde el trabajar como las culturas y los modos de hacer.

En este rol de fabricante de ideas, ¿de dónde le nace la creatividad?
Se trata de romper los límites, es una actuación en definitiva y a cualquier actividad se le puede aplicar la creatividad, es suficiente transportar o actuar un rol. Al cambiar la postura concreta de tus límites se entra en una dimensión en la cual no existen los límites y podés proponer cosas. Obviamente después aparece la realidad, que es el cliente. Pero cuando uno hace la idea no debe ponerle un límite.

Con tantos años de trayectoria, ¿cómo lo encuentra la actualidad?
En un momento en el cual he decidido permitirme trabajar en cualquier sitio del mundo, no ya con la necesidad de estar dentro del estudio para sentirme el arquitecto, sino de poder moverme y tener mis centros de apoyo que son Milán, España y próximamente Córdoba. Porque de este modo puedo enriquecer lo que hago, respirando culturas distintas.

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