Corina Fernández, una luchadora contra la violencia machista

Mano a Mano 01 de abril de 2019
Es sobreviviente de un intento de femicidio y presidenta y fundadora de “Hay una salida”, que asiste a mujeres que sufrieron violencia de género. Dialogó en exclusiva con El Periódico TV e hizo hincapié en la necesidad de concientizar en la infancia y en los noviazgos adolescentes. 

En agosto de 2010 Corina Fernández llevaba a sus hijas a la escuela Manuela Pedraza del barrio de Palermo (Buenos Aires) cuando su ex marido, Javier Weber, la interceptó disfrazado de anciano, con peluca, gorro y bastón, le apoyó un revólver calibre 32 en el pecho y le disparó seis veces. Le impactó tres tiros, erró dos y el sexto no salió. Milagrosamente, la mujer sobrevivió y su caso sentó  jurisprudencia. Se trató del primer fallo por "tentativa de femicidio".

Desde entonces Corina tomó valor y decidió reflejar su historia, primero fundando la organización “Hay una salida”, que asiste a mujeres que sufrieron violencia de género. Luego, llevando su historia al cine con la ayuda del director Gabriel Arbós. Desde entonces recorre el país brindando charlas y talleres sobre prevención de la violencia.

“Soy básicamente una sobreviviente de femicidio”, se definió Corina en una entrevista exclusiva con El Periódico TV para el programa "Mano a mano", que conduce Gabriel Pecile en su vuelta a la pantalla local después de cuatro años. 

Antes de ser baleada la mujer llegó a realizar 80 denuncias por amenazas contra su ex marido. Advertencias que la Justicia ignoró.

Antes de que dejara su casa, ¿ya vivía un proceso de violencia?

Se venía dando un proceso de violencia psicológica, no sufrí violencia física salvo el día que me fui de la casa. Por ahí no me pegaba una trompada, pero me tiraba un vaso de agua en la cara, o con un plato de fideos, que viniendo al caso la humillación es la misma.

¿Qué pasó en el medio con esas 80 denuncias?

No fueron escuchadas. Antes del hecho tuvimos un juicio que fue bastante humillante porque la jueza le dio un año en suspenso de tareas comunitarias y a los 15 días vino a balearme. Estuve 21 días en terapia intensiva y después con depresión aguda mayor. En 2012 fue el juicio penal. Si bien a él lo detuvieron el mismo día que me baleó, tomó pastillas para suicidarse no para ir preso. Otro dato importante es que a pesar de no haberme matado, esta vez sí el juicio fue ejemplar porque fue el primero en ser considerado tentativa de femicidio.

Lo increíble de la historia también es cómo usted pudo transformar ese calvario en un motor de lucha para ayudar a las mujeres contra la violencia de género…

Creo que es como cuando uno dice ‘hay un destino y todos tenemos una misión en la vida’. Es algo que yo no busqué, que vino solo. Después del juicio yo necesitaba trabajar porque además entre otras cosas él me había hecho echar del trabajo. Me contrataron para trabajar en le Dirección General de la Mujer, lo cual me dio la posibilidad de estar en contacto con otras mujeres que sufrían violencia. Así nace la posibilidad de fundar una ONG de la cual soy presidenta y que se llama “Hay una salida”.

A usted le tocó vivir esta situación en un momento en que no se hablaba mucho del tema...

Sí. Y donde pasé mucha soledad, porque además la violencia se asociaba en ese momento a las clases sociales bajas. Era como que “no pasaba en la clase media”, creo que también por eso mi caso llamó tanto la atención.

¿Cuánto camino queda por recorrer tanto en el ámbito del Estado como de la Justicia para darle un marco de protección a esta mujer que está viviendo situación de violencia?

Estamos hablando de un tema emocional. A pesar de una medida perimetral, por ejemplo, cuando el hombre se brotó no piensa, actúa por emocionalidad, y es ahí donde va a la casa, rompe todo, le pega, y en el peor de los casos la mata. Entonces mientras sigamos buscando soluciones racionales a un problema que es emocional, es muy difícil que las encontremos. Esto apunta al botón antipánico, a las tobilleras y a todos los mecanismos que hoy están a disposición de la mujer para ayudarla.

¿Cree que eso ayuda?

Ayuda pero es un parche. Creo que realmente para prevenir la violencia tenemos que comenzar con educación en la infancia, con los niños, y en 20 años podremos tener una sociedad más sana, más segura y con menos violencia. Hoy lo que podemos hacer es apuntar fuerte a la prevención. Yo viajo por el país con mi película dando charlas y concientización de la violencia y creo que es importante sobre todo trabajar con los noviazgos adolescentes empezar a darles algunas pistas sobre cómo desenvolverse.  

¿Qué le puede decir a una mujer que hoy está sufriendo violencia doméstica?

Fijate el nombre de mi asociación, “Hay una salida”. El mensaje que quiero dar es que se puede salir de la violencia y que hoy, contrariamente a lo que decía algunos años atrás, ya no digo denunciá, porque las falencias del sistema judicial son alarmantes. Pero sí digo que busquen ayuda, que pidan una opinión, que alguien lo sepa, porque al momento de denunciar van a tener más recursos. En la Justicia no veo cambios. Por ejemplo una mujer que va y denuncia no tiene una visión de género. Y la mujer no termina nunca de encontrar la seguridad que necesita. Y no es justo que haya que encerrarla en un refugio o mandarla a vivir a otra provincia. Y lamentablemente a veces terminan siendo las únicas soluciones para que ella salve su vida.

“Contra la violencia las herramientas son el amor, cuidado, atención”.

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