A 37 años de Malvinas: ¿qué pasó con las donaciones?

El Periódico 01 de abril de 2019
Como en muchas ciudades del país, en 1982 San Francisco se sumó a la gran colecta nacional para financiar la lucha en las islas del Atlántico Sur. Se juntó dinero en efectivo, joyas y hasta lotes de terrenos. El destino de todo ello, como lo marca la historia, es incierto
A 37 años de la Guerra de Malvinas: ¿qué pasó con las donaciones?

“La mercadería llegó los primeros meses, pero lo doloroso fue después enterarse que la gente donó oro, lotes, campos, animales y nunca supimos dónde fue a parar todo eso”, dice todavía Hugo Franco, presidente del Centro de Veteranos de Guerra de San Francisco.

Fueron casi tres meses de donaciones que se registraron en todo el país para financiar la guerra en el Atlántico Sur, mediante un decreto firmado por Leopoldo Galtieri y su ministro de Economía, Roberto Alemann, al que se denominó Fondo Patriótico.

Según un informe de diario La Nación en plena guerra se recolectaron US$ 54 millones en donaciones en todo el país y su destino exacto aún se desconoce.

Fiel a su costumbre solidaria, la sociedad de San Francisco colaboró con dicho fondo organizándose desde el mismo municipio, mediante la “Comisión Municipal 2 de Abril”, la cual estuvo cargo del abogado Enrique Venturuzzi.

Caravana

El 24 de mayo de 1982, el matutino La Voz del Interior reflejó el “masivo apoyo comunitario a la gran colecta nacional”. En esa nota destaca las caravanas de automóviles que recorrieron un fin de semana los barrios de la ciudad portando grandes alcancías para receptar el “aporte espontáneo del pueblo de San Francisco al Fondo Patriótico Nacional”.

En las páginas que pueden leerse en el Archivo Gráfico y Museo Histórico de San Francisco están las crónicas de aquellas jornadas. “Emotivas situaciones dieron un marco vibrante que la acción emprendida debía tener: señoras que arrancaban de su cuello cadenas con medallones de oro, se despojaban de sus anillos, un padre que dijo que donar el único lote que tenía era la única manera de combatir junto a su hijo”, describió uno de los párrafos.

Del acto de cierre de la caravana había participado el intendente Antonio Lamberghini, quien había expresado “su orgullo de pertenecer a la comunidad de San Francisco, que había respaldado de manera tan generosa y espontánea a los soldados de la Patria que defienden la dignidad nacional, la integridad territorial y el destino de sus hijos”.

Lo recaudado

Días después de la llamada caravana patriótica, en la sede de la Secretaría de Economía y Hacienda de la Municipalidad de San Francisco, “36 cajeros de todos los bancos acreditados contabilizaron el importe de lo recaudado con destino al Fondo Patriótico el fin de semana último”.

Según se reflejó en el diario local de la época, el resultado contabilizó 109,074.350 pesos en efectivo; cadenas y medallones de oro, lo mismo que anillos.

Otro recorte de la época dejaba constancia que “fue prometido en el acto de la colecta la donación de un lote de terreno y fueron entregados dos libros de colección para su venta. (…) Asimismo, luego de efectuado el recuento de lo recaudado fueron ofrecidos en donación tres lotes de terreno”.

También los alumnos de quinto año del Colegio Nacional habían contribuido con “una importante suma de dinero” recaudada en una reunión en el local de la confitería Albatros. Y hasta el artista local Rubén Canelodonaría 15 serigrafías para la venta.  

“Siempre me lo pregunté y nunca escuché qué pasó con lo que la gente regaló, cosas de oro, ¿Dónde fue a parar eso? Sé que muchas abuelas habían regalado cosas con mucho sentimiento y eso nunca se supo dónde fue a parar”, aseguró Víctor Melano, veterano de Malvinas. 

Según Juan Alberto Bassano, otro ex combatiente: “Muchas de las cosas que mandó el pueblo argentino llegaron a Puerto Argentino, pero la distribución se hizo muy difícil después del 1 de mayo, cuando ya se había desatado la guerra. Sé que muchas cosas quedaron en los galpones de Puerto Argentino. Luego supe que se hizo una investigación en la base de Comodoro Rivadavia y nos enteramos que mucha mercadería había sido vendida en kioscos por la gente del Ejército”.