La otra cara del coronavirus: el hambre y el esfuerzo de los voluntarios por contenerlo

El Periódico 28 de abril de 2020
En el merendero La Amistad de Frontera, los colaboradores debieron adaptarse a la situación de emergencia sanitaria para que los niños del barrio y de otros sectores sigan comiendo. Tres días a la semana producen más de 200 raciones.

A las 17.30 del miércoles ya todo está dispuesto en el merendero La Amistad de Calle 100 al 950 en Frontera. Dos voluntarios aguardan, papel con listado en mano y lapicera, la llegada de chicos y adultos que a partir de las 18, o antes, comenzarán a llegar con sus táperes a buscar su ración de comida.

Uno de los primeros en asomar es un niño que no supera los 7 años. Lleva un barbijo estilo militar y tres recipientes de plástico dentro de una bolsa. A medida que avanza por el largo jardín que tiene La Amistad no deja de saludar a quienes se cruza, su simpatía es notoria pese a su sonrisa oculta. Hasta antes de la pandemia asistía frecuentemente al merendero ahora reconvertido, desde el decreto de aislamiento social, preventivo y obligatorio, en comedor comunitario.

El pequeño espera frente a una mesita cercana a la cocina las raciones de comida. Esta vez se llevará del lugar fideos con salsa, albóndigas y mandarinas. Toma la bolsa con fuerza pese a su peso y retorna por el mismo camino topándose con una niña un poco más grande, que llega con el mismo objetivo.

El sistema de entrega está aceitado. Luego de que la policía advirtiera en una oportunidad a los responsables por el amontonamiento de gente generado, en la puerta dos voluntarios, previo a tomar los nombres y direcciones, van dejando pasar de a dos personas. Los de afuera aguardan respetando el metro y medio de distancia. Todos los que ingresan deben hacerlo con barbijos, en caso de no tener, en la puerta les entregan uno ya que al merendero llegaron decenas de tapabocas donados por las costureras de la Red Solidaria San Francisco.