"La gente ya no recuerda cómo ocuparse de ella misma, cómo relajarse"

Mano a Mano 04 de noviembre de 2019
En una entrevista con El Periódico TV, la psicóloga Alejandra Karlen alerta sobre el aumento de los factores que producen estrés en la vida cotidiana y, por el contrario, cómo nos alejamos de acciones y vínculos que nos producen mayor satisfacción.
La charla completa en Mano a Mano, el programa que conduce Gabriel Pecile.

Sin dudas que la muy complicada situación económica del país impacta en el ánimo de la gente, en las emociones diarias y en muchas de las relaciones de cada persona. Para analizar cómo afecta la crisis económica en lo social y lo familiar, en Mano a Mano esta semana dialogamos con la psicóloga Alejandra Karlen, especialista en terapia familiar y de parejas, quién explicó cómo se manifiestan estos temas en el consultorio y cómo incide sobre la salud de las personas.

En la charla, además, Karlen alertó sobre el aumento de obligaciones y factores que producen estrés en las personas, en detrimento de otras situaciones que producen satisfacción, como el contacto con amigos y el tiempo para relajarse. "Me doy cuenta en mi consultorio que la gente ya no recuerda cómo ocuparse de ella misma, cómo relajarse, porque como vive acelerado cuando tiene ese tiempo no lo puede dedicar sanamente", resumió.

¿Cómo impacta la situación difícil que vive el país en términos económicos y políticos en el ánimo de la gente?

En términos generales y haciendo un recorte de un lapso temporal muy breve, puedo decir que el estado de ánimo de la gente fue ondulando y variando negativamente en estos últimos meses. Hubo sensaciones negativas en tres fases. La primera fase podríamos decir que la persona estaba en un estado de pseudo adaptabilidad a la situación, y digo pseudo porque era una adaptación casi a la fuerza a la situación económica ya que vivimos en un país donde recurrentemente existen las crisis socioeconómicas. Con las elecciones de las Paso ocurre un inmediato estado de shock, acompañado con desconcierto, con lo que sucede al día siguiente. En el ámbito profesional, he notado que nos hemos tenido que desviar en un margen de una semana o dos, que los motivos de consulta habituales que veníamos trabajando se tuvieron que correr para poder trabajar el estado de shock, que impactó en todos mis pacientes.

¿Y cómo afecta eso en el rendimiento laboral o los vínculos personales?

Todo es negativo, justamente el shock paraliza, bloquea, desconcierta. Produce emociones que son negativas, por eso tuvimos que retirarnos del motivo habitual de consulta para atender el estado de shock, que duró aproximadamente unos diez días o dos semanas. Luego comienza la tercera fase en donde aparece un sentimiento de temor, acompañado con la gran incertidumbre, que lo que estamos viviendo en este momento. Pasar por todos esos estados de ánimo, sensaciones tan variables y negativas, es muy nocivo para cualquier persona, más si ya está en un consultorio psicológico trabajando problemas que ya trae de base.

En la Argentina estamos como acostumbrados a estos ciclos, sin embargo el shock aparece igualmente. Una situación económica tan difícil, con la mitad de la gente con problemas importantes para llegar a fin de mes, para la alimentación, para cuestiones básicas. Incluso la incertidumbre laboral, con tantas pérdidas de trabajos.

Eso es lo que también genera temor, genera miedo. A toda persona le genera una dificultad enorme sostenerse en la incertidumbre, y en todo plano, no solamente en el económico. En la incertidumbre afectiva, en la incertidumbre de pareja, en la salud. Siempre es bueno saber, aunque sea malo, pero conocer a qué me estoy enfrentando.

Entre tu especialidad en psicología, trabajás con la familia y la pareja. ¿Cómo se trabaja y cómo repercute hacia adentro de la familia de las parejas la situación económica?

Cada caso tiene una particularidad, entonces se debe amoldar la estrategia terapéutica dependiendo de cada persona.

Pero hay un impacto de la cuestión hacia adentro en los vínculos.

Sin duda que el impacto es importante, porque el vínculo se ve fragilizado, la fragilidad de cada persona se extiende a lo vincular, o sea la relación de los sujetos entre sí. Entonces sí los lazos familiares se lesionan, no digo que se fracturen, pero sí se lastiman y hay que trabajar la recomposición de esos lazos. A veces la familia no se afecta, hablando de los hijos, pero sí la pareja.

Uno imagina que es muy importante ese núcleo para sostener en estas situaciones difíciles

Sí, creo que la buena base tiene que ver con la comprensión, la escucha, la empatía y la buena base de la pareja, que tiene que ver con estos elementos y muchos otros más, es lo que favorece el unirse en la crisis y no el disgregarse en la crisis. Porque muchas veces la crisis de pareja tiene que ver con que la fragilidad de los vínculos ya carecen de buenas bases, entonces de la crisis se sale o se produce una ruptura.

¿Vivimos acelerados? Esa sensación de que los años pasan rapidísimo y que entre las obligaciones parece que vivimos a mil y no tenemos tiempo para reparar en esas bases que solidifican los vínculos.

Se vive muy acelerado y demasiado para lo que la salud mental puede soportar. No sólo los adultos sino que los adolescentes y los niños. Los personas adultas están expuestas a demasiados factores estresantes y muchas exigencias que antes no ocurría, y ahí es donde se derivan la aparición de los trastornos de ansiedad en sus distintas modalidades, las enfermedades psicosomáticas, que serían enfermedades que se alojan en el cuerpo pero que tienen un origen netamente emocional. Las desorientaciones no a nivel psiquiátricas, pero sí esto de no sé qué hacer con lo que me pasa y todo lo que sucede a nivel psiquismo cuando se vive acelerado. Me parece que tenemos que tener en cuenta dos conceptos fundamentales, uno negativo y el otro positivo. El estresor viene a ser toda situación o circunstancia de estrés; y el satisfactor, que es un concepto muy positivo, es toda situación productora de satisfacción o de placer. ¿Qué está pasando en estos tiempos? Yo diría más o menos diez años que hay un elevadísimo incremento de estresores y hay una disminución enorme de satisfactores, que son los compensadores de los primeros. En la práctica un satisfactor puede ser darme un gusto y no necesariamente tiene que tener un valor económico, puede ser tomarme vacaciones, dedicarme a mí, relajarme, pisar el pasto, sentarme al aire libre, reunirme con amigos o recomponer situaciones o relaciones amistosas que hace rato no veo, charlar con alguien que quiero charlar. Ese tipo de circunstancias ya no ocurren como ocurrían antes. Yo me doy cuenta en mi consultorio que la gente ya no recuerda cómo ocuparse de ella misma, cómo relajarse, porque como vive acelerado cuando tiene ese tiempo no lo puede dedicar sanamente.

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