“La educación vial en los colegios es una cuestión que urge”

Mano a Mano 19 de noviembre de 2019
Diego Castillo, abogado que representó a las víctimas de la familia Rojo-Salvaneschi, subrayó en una entrevista con El Periódico TV el drama social detrás de los siniestros viales. “El alcohol al volante mata y uno lo ve cuando ya tiene un problema encima. La cuestión es verlo antes”, destacó. Adelantó que no apelarán la sentencia.
La entrevista completa en "Mano a Mano".

En San Francisco se siguió muy de cerca días atrás el juicio por la muerte de Daniel Rojo y Norma Salvaneschi, el matrimonio que lamentablemente falleció en abril de 2017 tras ser atropellado mientras iba en bicicleta por el camino a Plaza San Francisco, sobre avenida De los Inmigrantes. Por el hecho, Mariano Ferreri, el hombre que los embistió en su vehículo, fue condenado a cuatro años de prisión por homicidio culposo.

Esta sentencia, que para muchos es muy escasa por haber matado a dos personas, es a su vez una condena inédita para este tipo de hechos en los Tribunales de San Francisco y marca un antecedente muy valioso. Diego Castillo, abogado especialista en siniestros viales y quien representó a la familia de las víctimas, dialogó con Gabriel Pecile en El Periódico TV y explicó por qué habían pedido una condena mayor en base a la calificación de “homicidio por dolo eventual”, que finalmente el juez no concedió.

Además, Castillo adelantó que la intención de la familia de las víctimas es no apelar la sentencia.

Por otra parte, destacó que detrás de toda la parte judicial sigue latente un drama social por siniestros viales que día a día se cobra nuevas víctimas y marcó algunos puntos en los que el Estado y las familias podrían reflexionar y trabajar.

Es muy reciente el fallo por la muerte de Daniel Rojo y Norma Salvaneschi. ¿Es una condena inédita en San Francisco?

Sí, es una condena inédita que ha sentado un precedente muy importante. Cuando a veces conversamos con nuestros familiares o amigos, cuando uno ve la magnitud del daño, la pena parecería desproporcionada en cuanto a su escasez, pero desde el punto de vista jurídico tiene un valor muy importante. Principalmente entre aquellos abogados que hace mucho tiempo que hacemos derecho de tránsito y hemos visto casos muy resonantes donde los resultados eran el otorgamiento de la probation o una pena de ejecución condicional. Que hayamos obtenido un fallo de cuatro años es inédito. No puedo decir que nos pone contentos, porque todos hubieran preferido que este hecho no hubiera existido. Pero habiendo existido entendemos que la condena es acorde a la legislación vigente.

¿Cuál fue el planteo de ustedes como querella para que se contemple esta figura del dolo eventual? ¿nos explica técnicamente qué es lo que plantearon y la diferencia entre ese dolo eventual y el homicidio culposo? 

Voy a tratar de graficarlo mediante un ejemplo. Una persona sale caminando entre medio de dos vehículos, yo vengo circulando y la atropello. No hay posibilidad de que yo me haya podido figurar de que una persona a mitad de cuadra cometería la imprudencia de salir entre el medio de dos vehículos y atropellarla, ese es un ejemplo clásico de culpa. El dolo eventual es una figura intermedia entre la culpa y el dolo. Específicamente, el dolo es cuando tengo la intención de causar un daño con mi vehículo a una persona determinada. El dolo eventual es cuando por las circunstancias del momento me puedo figurar la posibilidad de causar un daño y aun así me desentiendo del resultado. Ha sido aplicado en algunos casos en Argentina, por ejemplo los casos de picadas, en donde a un exceso de velocidad que supera ampliamente los límites legales necesariamente el conductor se tiene que representar la posibilidad de que alguien se le cruce. Sin embargo no le importa y sigue a exceso de velocidad. Acreditar el dolo eventual es un tema complejo, más allá de que nosotros creemos que está acreditado dentro del expediente. La figura del artículo 84 bis que se incorporó con la última reforma del Código Penal establece determinadas agravantes, como conducir alcoholizado o inhabilitado, que para el juez resulta más fácil acomodar los hechos a este tipo penal.

Usted mencionó en sus argumentos que había varias cuestiones que tenían que ver con lo que usted consideraba un dolo eventual, como el tema del alcohol, también estar inhabilitado para conducir y los antecedentes. 

El 5 de abril del 2017, esto es 17 días antes del hecho vial que terminara con la muerte de Norma y de Daniel, el Estado le había notificado a Ferreri y lo había inhabilitado por haber consumido alcohol. En esa oportunidad Ferreri tenía 0,74 mil miligramos de alcohol por litro de sangre. Al momento de imponerle una multa y esa inhabilitación el Estado le está diciendo que es un riesgo para la sociedad conducirse de esa manera. Entonces el señor Ferreri tenía pleno conocimiento de que conducir alcoholizado es un riesgo para la sociedad.

Ya había sido sancionado por esa falta

El día 22 de abril de 2017, 17 días después de que el Estado lo advierte, el señor Ferreri conduce inhabilitado hasta Plaza San Francisco. Fue a comer un lechón y a tomar cerveza con sus amigos y eso está plenamente acreditado. Tres horas y media después de acaecido cuando le toman la muestra determinan que tiene 0,99; o sea casi 20 miligramos más de alcohol en sangre que lo que tenía cuando lo habían inhabilitado. La pregunta que nosotros hacíamos en el debate es: si el Estado le había advertido a Ferreri de que conducir alcoholizado era un peligro, ¿no se pudo haber representado en ese momento antes de tomar el volante y volver a San Francisco que podía causar un accidente? Nosotros entendemos que sí. El juez no lo entendió de esa manera.

Todavía hay que esperar esos argumentos de la sentencia por escrito, pero más allá de que no sea lo que pidieron están conformes con la resolución, si se puede decir conforme habiendo semejante daño…

Hemos tenido una reunión con la familia y no va a ser nuestra intención recurrir la sentencia, por haber comprendido la familia en cierta forma de que medianamente sus espíritus han quedado tranquilos.

Detrás de todo esto y más allá de la resolución judicial hay un drama social que tiene que ver con estos siniestros viales, con el alcohol al volante, con la irresponsabilidad, con los costos inmensos para una familia que pierde a sus padres, o amigos y familiares. Incluso para quien es condenado victimario.

Sí, porque la onda expansiva que tiene un accidente de tránsito involucra un sinnúmero de factores sociales. No hay que perder de vista quiénes son las víctimas: Norma, Daniel y su familia. Pero tampoco los efectos que ocasionan este accidente en la familia de Ferreri, que tiene una pareja, familia y un trabajo. ¿Qué va a pasar con todo eso? El tema pasa más allá de lo jocoso de tomar una cerveza y manejar, porque en estos momentos es donde uno se arrepiente, cuando uno ve la gravedad que el alcohol al volante mata. Mata y genera como un hongo expansivo. Y uno lo ve cuando ya tiene un problema encima. La cuestión es verlo antes.

Hay costos individuales, familiares, pero también un costo social muy alto. ¿Qué cree que hay que hacer? Se ven algunas políticas, ¿son erróneas? ¿qué falta? 

Creo que hay una cuestión de educación, pero no como una educación esporádica. Siempre algo es mejor que nada, las campañas de ir a un colegio y hablar sobre la cuestión del casco es importante porque es mejor eso que no hablar. Pero la educación es un proceso sistemático, con contenidos que llevan de manera evolutiva a una persona a integrarse en una problemática. Es fundamental que reconozcamos el problema social que tenemos con los accidentes de tránsito, es una cuestión de política de Estado. Y para empezar a educar tenés que empezar de chiquitito. Los hábitos, la responsabilidad, los niños los adquieren de chiquititos. ¿Y cómo lo aprenden? Con el ejemplo de los grandes. Como padres decimos no hay que pasar el semáforo en rojo, pero pasamos el semáforo en rojo y nuestro hijo va a aprender más de lo que le mostramos de lo que le decimos, por el poder educador que tiene el ejemplo. La educación vial en los colegios es una cuestión que urge. Y no es una cuestión menor porque estamos hablando de la principal causa de muerte en Argentina de nuestros jóvenes de 18 a 35 años. ¿Cuántos papás hablamos a nuestros hijos del sexo, de la droga, de las amistades, la enfermedad de transmisión sexual? Y sin embargo todas esas causas no le hacen ni siquiera sombra a la posibilidad que nuestro hijo pueda morir un accidente de tránsito. No nos sentamos a hablar con nuestros hijos de que no pasen el semáforo en rojo porque no lo tenemos internalizado culturalmente. Es necesario también que como padres tomemos conciencia de que hay un alto grado de probabilidad que nuestros hijos mueran en un accidente tránsito y qué hacemos frente a eso. ¿Con la educación eliminamos toda posibilidad de un accidente de tránsito? No, pero minimizamos considerablemente las posibilidades, eso es la educación.

Seguramente.

Creo que hay muchas cosas todavía por hacer no solamente a nivel educativo, sino también en la emisión de la licencia de conducir. No hay un organismo, por ejemplo en la Municipalidad de San Francisco, que valore la aptitud psicológica de la persona para poder conducir, porque nos analizan acerca de si vemos bien, si escuchamos bien, si tenemos reacción, pero no tenemos un equipo interdisciplinario que nos diga si tenemos la capacidad emocional para poder manejar. Hay mucha gente que descarga en el tránsito las frustraciones que tiene en su vida, entonces una persona violenta va con el auto, mete la trompa, se enoja y toca bocina.

Y sin embargo conoce las normativas de la convivencia vial, digamos. 

Puede ver bien, puede escuchar bien, puede ser una persona que tiene reflejos, pero no tiene una actitud emocional para poder conducirse. Es fundamental empezar a evaluar a las personas desde ese espacio. Y después realizar controles periódicos, son fundamentales, en la emisión de la licencia de conducir y las renovaciones. Entonces el Estado va controlando la aptitud que tiene esa persona frente a la responsabilidad social que implica conducir.

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